Jesualdo Sosa
desarrolló en Canteras
de Riachuelo (Colonia), en
una escuelita rural,
una original experiencia
educativa que registró
en su novela “Vida de un
maestro”, que narra esa cotidianeidad durante los años
cercanos a la crisis de
1930. Siendo muy joven y con muchas inquietudes
culturales (era un poeta
que ensayaba sus
primeros pasos literarios), desde su
época de docente en
Montevideo comenzó a bucear
en el pensamiento de los grandes
pedagogos, elementos capaces de acompañar
su propia práctica educativa y que lo ayudasen en
su quehacer áulico. Cuando llegó a la
escuelita de Canteras ya
disponía de los
fundamentos de su
particular forma de
entender los fenómenos
educacionales, sin exageraciones
teóricas, pero sí con claro intento
de renovación pedagógica. Partía de
la base de que
había que recuperar en el
niño la
expresión más propia
y característica de su
forma de
ser, lo que él
llamaba “devolverle a cada
uno sus riquezas”, su bagaje, su caudal original e
intransferible, lo que lo particulariza
y lo torna creativo y
le hace transitar siempre por
caminos nuevos. No hay que
olvidarse que Jesualdo
tenía estas reflexiones
en la época
en que estaban vigentes, desde
hacía algunos años,
los principios educativos de
la llamada “Escuela Nueva” que
colocaba al niño
en el centro y como
objetivo central de
la labor pedagógica. Con los
lineamientos de esta corriente
Jesualdo mantenía cierto acuerdo o convergencia, pero también
polemizaba con ellos y
se diferenciaba porque manifestaba y
sostenía un espíritu crítico
y cuestionador. Las ideas,
los sentimientos, las emociones,
las señas personales se
traducen, según su Pedagogía, en
la expresión de
aquello que se
quiere transmitir y
que nos identifica, como si
fuera el particular
modo de estar
en el mundo.
Jesualdo comenzó
con un ambicioso plan
de perfeccionamiento cultural
que orientaba la
actividad en el aula y sobretodo
confió en la
iniciativa y protagonismo
del grupo de
niños, que eran los que con
la ayuda del maestro diseñaban
las actividades, confeccionando
cuestionarios, guías de visitas,
relevamiento de datos, diagramación de
encuentros, organización de torneos
deportivos, elección de
temáticas, planificación de debates, etc. La relación maestro/alumno se horizontalizaba, se convertía
en más igualitaria, y estas
acciones se cumplían siempre desde un
punto de vista artístico, donde la danza (en la formación de grandes rondas
infantiles), la plástica (con el
desarrollo de ilustraciones, pinturas y dibujos),
el canto en sus expresiones
corales cotidianas, el relato ( tanto de
narraciones escritas de la
experiencias como la recolección
de circunstancias vitales del
entorno) constituían una
modalidad permanente.
La labor
educativa se basaba
en el interés actual del niño, por lo tanto era un centro
vivo que necesitaba
corresponderse con las necesidades
reales de los alumnos, en su propio
y singular lenguaje. La educación era un proceso colectivo de elaboración conjunta
de pautas, criterios
y contenidos, que debían
respetar la idiosincrasia
de la comunidad
educativa, es decir alumnos, docentes y pobladores de la aldea .Ya que
la escuelita se
convierte en el centro social de
la región , en su núcleo político, su
función es eminentemente comunitaria. Jesualdo es
consciente que el contacto directo con los problemas
del pueblo (trabajadores en la cantera, muchos de origen inmigrante, de
condición precarizada) justifican
la función y responsabilidad de los maestros, en el sentido de situar
concretamente la tarea educativa. La
escuela “será renovada,
revolucionaria” porque es la
consecuencia de una Pedagogía, su
resultante. El niño es fundamentalmente realista, pero también es visto en
su concepción poética y
espiritual. Reivindica sobre
manera la infancia como un lugar de posibilidades y de creatividad. La escuela
debe proponerse estudiar la realidad del
medio tratando de integrarse y
comprender los fenómenos del alumnado
y su entorno. La dictadura de Terra
interrumpió bruscamente la
experiencia Educativa de Canteras
de Riachuelo, previamente la
crisis del treinta había golpeado
fuertemente la vida del
poblado, con su secuela de hambre
y desocupación, las escuelita acompañó
todos los hechos de
resistencia ante tal realidad, demostrando la ética
de su proyecto.
Jorge Quiroga