martes, 15 de julio de 2014

Fragmento de Pedagogía de la Autonomía, por Paulo Freire


Enseñar exige la reflexión crítica (1996)


El pensar adecuadamente entiende, por ejemplo, que no es  a partir de ese hecho como un dato, se constituye la práctica docente, pero entiende también que sin ese pensar no se funda tampoco ella misma. La práctica docente implica el pensar adecuadamente, involucra ese movimiento dinámico, dialéctico, ubicado entre el hacer y el pensar, sobre el hacer. El saber que la práctica docente espontánea, o casi espontánea, “desarmada” indiscutiblemente  produce  es un saber ingenuo. Un saber de experiencia concreta, al que le falta la rigurosidad  metodológica que caracteriza la curiosidad epistemológica, del sujeto. Este  no es el  saber que la rigurosidad del saber correcto busca. Por eso, es fundamental que en la práctica de la formación docente, el aprendiz  de educador, asuma que lo indispensable del pensar adecuadamente, no es un regalo de los dioses,  ni este se da desde el centro del poder, sino, por el contrario, el pensar correctamente que supera el pensamiento ingenuo, debe ser producido por el propio aprendiz en comunión con el profesor formador. Es preciso, por otro lado insistir en que la matriz del pensar ingenuo como la del pensar crítico es la curiosidad misma, como rasgo característico del fenómeno vital. En este sentido, indudablemente es tan curioso el profesor llamado lego, del interior de  Pernambuco, como el profesor de filosofía de la  Educación de la universidad A o B, lo que se necesita es posibilitar, el hecho, de que volviéndose sobre sí misma esa curiosidad, a través de la reflexión  sobre la práctica, percibiéndose como tal, se va convirtiendo en crítica.  

Por eso es que en la formación permanente de los docentes, el momento fundamental es el de la reflexión crítica sobre la práctica. Y pensando críticamente la práctica de hoy, o de ayer, es que se puede mejorar la próxima práctica, el propio discurso teórico, necesario para la reflexión crítica, tiene que ser concreto de tal modo, que casi se confunda con la práctica. Su “distanciamiento” epistemológico de la práctica, en tanto es objeto del análisis que de ella realiza, debiendo este “aproximarlo” al máximo a ella. Cuanto mejor se haga esta operación, tanta más inteligencia recibe de la práctica en su análisis y mayor comunicación ejerce alrededor de la superación de la ingenuidad hacia la rigurosidad. Por otro lado, cuanto más me asumo como estoy siendo y percibo las razones de ser, de porque estoy siendo así, más me vuelvo capaz de cambiar de  promoverme, en ese caso,  del estado de curiosidad ingenua hasta la curiosidad  epistemológica. No es posible la asunción que el sujeto hace de sí en una cierta forma de estar siendo sin la disponibilidad para cambiar. Para mudar y en cuyo proceso se hace necesariamente sujeto también.

Sería no obstante una exageración idealista, afirmar que la asunción, por ejemplo, de fumar amenaza mi vida, y que esto ya significa dejar de fumar. Porque dejar de fumar transita, en  algún sentido, por la asunción del riesgo que corro al  fumar. Por otro lado, la asunción se va haciendo cada vez más asunción en la medida en que ella engendra nuevas opciones, por eso mismo ella provoca ruptura, decisión y nuevos compromisos. Cuando asumo el mal o los males que el cigarrillo me puede causar, me movilizo en el sentido de evitare esos males decido, rompo, opto. Pero es en la práctica de dejar de fumar que las asunción que corro por hacerlo se concreta materialmente.

Me parece que hay aún un elemento fundamental en la asunción de que  hablo: el emocional. Además del conocimiento que tengo del mal que fumar me provoca, tengo ahora, en la asunción que efectuó, legítima rabia a  ese hábito. Y tengo también la alegría de  haber tenido rabia que en el fondo me ayudó  a que yo continuase en el mundo por más tiempo. Está equivocada la Educación que no reconoce, en la justa rabia, en la rabia que protesta contra las injusticias, contra la deslealtad, contra el desamor, contra la explotación y la violencia, el cumplimiento de un papel altamente formador. Lo que  la rabia no puede es, perdiendo los límites que la configuran es entregarse al culto a la rabia, que corre siempre el riesgo de transformarse en odio.  


P.F.




(Traducción de Jorge Quiroga)