Enseñar exige la reflexión crítica
(1996)
El pensar adecuadamente entiende, por
ejemplo, que no es a partir de ese hecho
como un dato, se constituye la práctica docente, pero entiende también que sin
ese pensar no se funda tampoco ella misma. La práctica docente implica el
pensar adecuadamente, involucra ese movimiento dinámico, dialéctico, ubicado
entre el hacer y el pensar, sobre el hacer. El saber que la práctica docente
espontánea, o casi espontánea, “desarmada” indiscutiblemente produce
es un saber ingenuo. Un saber de experiencia concreta, al que le falta
la rigurosidad metodológica que
caracteriza la curiosidad epistemológica, del sujeto. Este no es el
saber que la rigurosidad del saber correcto busca. Por eso, es
fundamental que en la práctica de la formación docente, el aprendiz de educador, asuma que lo indispensable del
pensar adecuadamente, no es un regalo de los dioses, ni este se da desde el centro del poder,
sino, por el contrario, el pensar correctamente que supera el pensamiento
ingenuo, debe ser producido por el propio aprendiz en comunión con el profesor
formador. Es preciso, por otro lado insistir en que la matriz del pensar
ingenuo como la del pensar crítico es la curiosidad
misma, como rasgo característico del fenómeno vital. En este sentido,
indudablemente es tan curioso el profesor llamado lego, del interior de Pernambuco, como el profesor de filosofía de
la Educación de la universidad A o B, lo
que se necesita es posibilitar, el hecho, de que volviéndose sobre sí misma esa
curiosidad, a través de la reflexión
sobre la práctica, percibiéndose como tal, se va convirtiendo en
crítica.
Por eso es que en la formación
permanente de los docentes, el momento fundamental es el de la reflexión
crítica sobre la práctica. Y pensando críticamente la práctica de hoy, o de
ayer, es que se puede mejorar la próxima práctica, el propio discurso teórico,
necesario para la reflexión crítica, tiene que ser concreto de tal modo, que
casi se confunda con la práctica. Su “distanciamiento” epistemológico de la
práctica, en tanto es objeto del análisis que de ella realiza, debiendo este
“aproximarlo” al máximo a ella. Cuanto mejor se haga esta operación, tanta más
inteligencia recibe de la práctica en su análisis y mayor comunicación ejerce
alrededor de la superación de la ingenuidad hacia la rigurosidad. Por otro
lado, cuanto más me asumo como estoy siendo y percibo las razones de ser, de
porque estoy siendo así, más me vuelvo capaz de cambiar de promoverme, en ese caso, del estado de curiosidad ingenua hasta la
curiosidad epistemológica. No es posible
la asunción que el sujeto hace de sí en una cierta forma de estar siendo sin la
disponibilidad para cambiar. Para mudar y en cuyo proceso se hace
necesariamente sujeto también.
Sería no obstante una exageración
idealista, afirmar que la asunción, por ejemplo, de fumar amenaza mi vida, y
que esto ya significa dejar de fumar. Porque dejar de fumar transita, en algún sentido, por la asunción del riesgo que
corro al fumar. Por otro lado, la
asunción se va haciendo cada vez más asunción en la medida en que ella engendra
nuevas opciones, por eso mismo ella provoca ruptura, decisión y nuevos
compromisos. Cuando asumo el mal o los males que el cigarrillo me puede causar,
me movilizo en el sentido de evitare esos males decido, rompo, opto. Pero es en
la práctica de dejar de fumar que las asunción que corro por hacerlo se
concreta materialmente.
Me parece que hay aún un elemento fundamental
en la asunción de que hablo: el
emocional. Además del conocimiento que tengo del mal que fumar me provoca,
tengo ahora, en la asunción que efectuó, legítima rabia a ese hábito. Y tengo también la alegría
de haber tenido rabia que en el fondo me
ayudó a que yo continuase en el mundo
por más tiempo. Está equivocada la Educación que no reconoce, en la justa
rabia, en la rabia que protesta contra las injusticias, contra la deslealtad,
contra el desamor, contra la explotación y la violencia, el cumplimiento de un
papel altamente formador. Lo que la
rabia no puede es, perdiendo los límites que la configuran es entregarse al
culto a la rabia, que corre siempre el riesgo de transformarse en odio.
P.F.
(Traducción
de Jorge Quiroga)